
Entrevista: el economista belga Eric Toussaint analiza la crisis de endeudamiento europea. El politólogo advirtió sobre los riesgos de estallido de una nueva burbuja financiera.
Fuente: Alvaro Torriglia / La Capital
Durante años, el economista belga Eric Toussaint se dedicó a pelear por la anulación de la deuda externa de los paÃses del Tercer Mundo. Hoy asiste como analista privilegiado al estallido de una crisis de endeudamiento en la propia Europa, con la realidad de los megarrescates financieros y el fantasma del default recorriendo la periferia del viejo continente, en España, Grecia, Portugal e Irlanda. El reconocido historiador y politólogo, evita los pronósticos. Pero entiende que el proceso que transitó la Argentina en 2000-2001 integra el debate actual de la comunidad polÃtica y económica del primer mundo. Y desde las reestructuraciones o cesaciones de pagos, hasta crisis polÃticas y sociales más agudas, no descarta ningún escenario. «Estamos en una situación parecida a la del gobierno de De la Rúa, y la discusión está abierta», dice.
Toussaint es presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CATD), miembro de la conducción de la Asociación para la Tasación de las Transacciones y por la Ayuda a los Ciudadanos (Attac) y dirigente del Foro Social Mundial. Autor de libros como «La Bolsa o la vida», «Las Finanzas contra los pueblos» y «Banco mundial, el golpe de Estado permanente», estuvo en Rosario invitado por un conjunto de organizaciones que incluyen a Attac, CTA Rosario y ATE Rosario.
El economista alertó sobre los riesgos de estallido de una nueva burbuja especulativa y opinó que los paÃses emergentes, hoy beneficiados por el alza de los precios de los commodities, deberÃan volcar la liquidez acumulada en sus reservas a fortalecer su autonomÃa económica. En el caso de América latina, sugirió fortalecer el Banco del Sur.
—¿La economÃa mundial se recuperó de la crisis desatada en 2008 o, por el contrario, hay que prepararse para una recaÃda?
—Tenemos una crisis prolongada. En las economÃas más industrializadas seguramente se va a extender por 10 ó 15 años. En cada crisis de larga duración hay siempre repuntes, que no son duraderos. El segundo punto es que hay diferencias muy grandes entre diferentes regiones del mundo. El sur está viviendo una coyuntura favorable, gracias a los altos precios de exportación de materias primas. Esto debido al papel de China como locomotora mundial y a la tasa de interés bajÃsima en el Hemisferio Norte, que permite refinanciar la deuda de los paÃses emergentes, a un costo históricamente bajo. Para estos paÃses, como los de América latina, la situación es favorable. Pero su situación depende fundamentalmente de factores que son ajenos.
—¿Hay riesgo de que se cree otra burbuja financiera?
—Por supuesto. Los banqueros centrales de Estados Unidos y Europa son confrontados a un dilema. Aplicaron tasas bajÃsimas para evitar más bancarrotas del tipo Lehman Brothers. Esto permitió a empresas que estaban al borde de la quiebra refinanciar sus deudas, y a los bancos, que tenÃan una gran cantidad de activos tóxicos, mejorar sus balances. La inyección masiva de billones de dólares y euros en el sector financiero alivió la crisis pero creó una liquidez enorme que, en gran parte, va a la especulación sobre materias primas y tÃtulos de la deuda pública de los paÃses europeos, como Grecia, Portugal e Irlanda. Ahora los banqueros centrales tendrÃan que subir la tasa de interés para disminuir el ritmo de inflación de las burbujas pero al mismo tiempo esa decisión provocarÃa la explosión de las burbujas. Porque si se frena la inyección de liquidez, los grandes bancos y fondos de pensiones no tendrán los mismos capitales a disposición en el corto plazo y caerÃan en bancarrotas. El otro punto sobre la suba de la tasa de interés es que el costo del pago de la deuda pública en el Norte aumenta. El Banco Central Europeo la aumentó hace pocos dÃas pero no se sabe cuál va a ser el ritmo. Si este aumento se acelera, tendrá consecuencias para los paÃses del sur.
—La crisis de deuda, que históricamente condicionó el desarrollo de los paÃses emergentes, hoy está golpeando a paÃses europeos. ¿El camino que recorrió la Argentina en 2001 puede ser el de algunas economÃas de Europa?
—SÃ. Es una discusión abierta en Europa. El default de la deuda pública por paÃses como Grecia, Portugal, Irlanda y también España está en la agenda. Se discute en los editoriales de los más importantes diarios de finanzas del continente, y los movimientos sociales como el nuestro (CADT) proponen suspender los pagos, realizar auditorÃas y forzar a los tenedores de bonos a aceptar anulaciones o reestructuraciones. La orientación actual es más neoliberalismo. En Grecia exigen privatizaciones por más de 50 mil millones de euros. Pero la protesta también es fuerte. Por eso no hay que descartar un viraje. Estamos en una situación como la que se dio en Argentina con el gobierno de De la Rúa. Hubo una polÃtica de ajuste pero también un diciembre de 2001. Este tipo de virajes pueden darse en Irlanda, Portugal o Grecia. Los partidos de la izquierda tradicional europea, cuando llegan al gobierno, siguen con la misma orientación neoliberal. Se necesita una crisis de ese sector para tener una orientación diferente. Lo está viviendo el Partido Socialista en Portugal y el Pasok en Grecia. Pero eso va a tomar un tiempo. Hasta ahora hubo movimientos de protesta tradicionales. Salvo en Islandia, que es un caso emblemático. Un paÃs minúsculo donde hubo rebelión en las calles y donde, por segunda vez, rechazaron en un referendum el pago de la deuda. Y en la opinión pública europea tienen también un papel las rebeliones de Egipto y Túnez. Es el sur del Mediterráneo, a 400 kilómetros de Italia. Además hay una población de trabajadores migrantes norteafricana muy grande en Europa. PodrÃa haber un contagio a nivel de conciencia. El hecho de que los nuevos gobiernos siguen en la misma orientación genera frustración. Puede provocar rebelión pero, claro, también puede provocar el voto hacia la extrema derecha. Eso ocurre en Bulgaria, Finlandia, y en menor medida en Francia.
—En el caso de que gane la pulseada un programa heterodoxo, ¿se caerÃa el sistema euro?
—Ya la zona euro está atravesando una crisis tremenda. No depende de la crisis social sino que ya hay una crisis del euro que no habÃa sido nunca imaginada por los gobiernos y el Banco Central Europeo. Y no se descarta que algunos paÃses decidan salir. Los temas principales de discusión en esos paÃses son: pagar la deuda o no, y salir o no del euro. En los 70 y 80 la construcción europea suscitó una adhesión popular muy grande. Para los nuevos socios, como España y Portugal, significaba alejarse de las dictaduras, y habÃa también transferencias de recursos de parte de Alemania, Francia, Benelux y Gran Bretaña. Pero ahora tenemos, más bien, una relación centro-periferia, dentro de la Unión Europea, desfavorable a la periferia. ¿Quiénes son los dueños de la deuda de Grecia? Banqueros alemanes y franceses.
—¿En los paÃses emergentes, la nueva liquidez limita la decisión polÃtica de reestructurar deuda?
—El problema es que los gobiernos descuidan lo que puede ocurrir en el futuro. Consideran que el pago es sostenible, entonces no hacen nada. Algunos paÃses, incluso, se endeudan de manera rápida. No es el caso de Argentina. En América latina habrÃa que aprovechar la acumulación de reservas para hacer dos cosas: auditar la deuda y suspender la parte ilegÃtima, y acelerar el ritmo de la integración regional. Lo más importante es activar el Banco del Sur, colocar parte de las reservas allÃ, y lograr financiar proyectos regionales. Se está perdiendo un tiempo precioso porque la situación puede degradarse rápidamente. No sabemos cuál es el ritmo en que va a aumentar la tasa de interés en el norte, pero conocemos que hay una tendencia hacia ello.


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